Me basta con mirarte, y ya
con eso,
la inspiración alumbra mi
existencia,
verte pasar no más, y mi
embeleso
llena las horas de tu larga
ausencia.
Dicen que unos ojos cuando
aman,
dilatan sus pupilas sin
quererlo,
yo tengo miedo que al mirar
los míos,
llegues a adivinar que es
lo que siento.
En la rutina de mis tristes
días,
hay una chispa que a mirar
no alcanzas,
el cerebro me dice: !es
imposible!
y el corazón me grita: !hay
esperanzas!
Tu presencia tan sólo me
alimenta,
aunque pases a mi lado sin
saberlo,
y tu imagen mis noches
atormenta
como castigo que me manda
el cielo.
Eso eres para mí, muchacho
inquieto,
en quien duermo pensando
noche a noche
y en quien pienso también,
cuando despierto,
aunque en silencio a veces,
me reproche.
Y sueño que sonríes, y tu
gozo,
tiene aspecto infantil,
despreocupado,
como quien es feliz, y en
su alborozo
está seguro de sentirse
amado.
Prohibida su reproducción parcial o total. “Derechos Reservados”. “D. R.” ©
México, MMVII

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