Les contaré que a los trece
años empecé a componer los primeros versos que surgían en mi mente, y, por las
noches, tenía que despertarme para escribirlos. Durante mucho tiempo no supe
que hacer con este don de Dios. Ahora, le doy gracias y sé que es tiempo de compartirlo
con todos ustedes.
En mi vida tuve grandes
amores que fueron muy importantes y la fuente de inspiración de muchos de los poemas
que escribí. La mayoría dejaron dulces y maravillosos momentos que todavía me
hacen sonreír al evocarlos; otros, heridas profundas, y uno que otro un mal
recuerdo.
Y, aunque varios de mis
poemas fueron destruidos por temor, los que ahora comparto son experiencias de
mi vida, y, si hay alguno que les guste, habrá valido la pena publicarlos.
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