miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Niña y El Jardín

En un jardín precioso bordeado de arrayanes,
habitaba una niña, cual místico rosal,
sus manos, como alas, de blancas mariposas
jugando con las flores, hacía revolotear.

Tenía sus pies tan blancos, como nieve de invierno,
que hasta los alcatraces parecían murmurar:
“Que niña tan hermosa recorre los espacios
de este jardín precioso, donde llega a jugar”.

Las flores, al mirarle, parecen alegrarse
con su dulce sonrisa, de labios de rubí,
y cuando ella marchaba, las flores se cerraban
como para decirle “Qué triste estoy sin ti”.

La niña de las rosas, le dicen los vecinos,
porque a su paso siempre, se abre una flor,
los pajarillos cantan, cual mágicos clarines
anunciando que llega “La niña del amor”.

Pero pasará el tiempo, y aquel jardín alegre,
duplicará sus rosas, su mágico jazmín,
con que la niña hermosa perfumará su pelo,
cuando lleguen los días, de su primer abril.

Y entonces, los rosales le brindarán sus rosas
en perfumados ramos, para su habitación,
y ya no tendrá tiempo de juguetear con ellas
cuando a su vida llegue, el primer gran amor.

Y aquel jardín que un día, fue su entretenimiento,
se vestirá de luto al mirarla pasar,
se pondrán envidiosos los blancos alcatraces,
cuando del brazo alguien la lleve hasta el altar.

Y aquellos dos luceros, que antaño iluminaron
con mágicos destellos el alegre jardín,
pasarán sin mirarlo, y quedará en la noche,
un delicado aroma de rosa y de jazmín.

Prohibida su reproducción parcial o total. “Derechos Reservados”. “D. R.” © México, MMVII

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