Un ángel, que desde el cielo
Dios ha puesto en mi destino,
para que cambie mi vida
y que alumbre mi camino.
Que durante nueve meses
ha engrosado mi cintura,
!Doscientos setenta días
en que aguarda mi ternura!
Ese ser, que con su llanto,
riegue todos mis dolores,
como el rocío temprano
va humedeciendo las flores.
Verla crecer a mi lado
apoyada en la alegría,
y que por padre conozca
al Dios que rige la vida.
Que el Espíritu Divino,
la guíe de noche y de día,
y la cubra con su manto,
la inmaculada María.
Que la enseñe a amar al hombre,
como a sí misma, se ame,
que la enseñe a amar a Dios,
y que su gloria proclame.
Y, si alguna vez el destino,
la pone frente a su padre,
que lo sepa perdonar,
como le enseñó su madre.
Prohibida su reproducción parcial o total. “Derechos Reservados”. “D. R.” ©
México, MMVII

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