Tu recuerdo está fijo en mi
memoria,
como imagen que no puede
borrarse,
pienso en tí, cada día,
cada hora,
y en lo feliz que me haces al amarme.
Recuerdo un “Hasta luego,
preocupado”,
pero también fugaz, de
nuestra historia,
recuerdo que te fuiste de
mi lado,
pero jamás te irás de mi memoria.
Me llevas a tu lado a cada
instante,
rebosante y feliz de amarte tanto,
te llevas los momentos más
felices
y me dejas de pronto
envuelta en llanto.
No es llanto de tristeza lo
que lloro,
de mi querer es la
expresión sencilla,
es la ternura que por tí he
sentido,
cuando pones tu mano en mi
mejilla.
Cuando corren las lágrimas
que lloro,
porque acaricio, sin mirar,
tu pelo,
y me estrechas amante,
entre tus brazos,
yo me siento feliz, porque
te tengo.
Te quiero de manera tan
sentida,
que estás en mi memoria
todo el día
y hoy que te has ido, será
tu recuerdo,
el que me aliente a
continuar la vida.
Y cuando vuelvas te estaré
esperando
con los labios abiertos,
anhelante,
y cerraré los ojos,
imaginando,
el beso que me diste al
alejarte.
Sueño en que no te has ido,
que estás conmigo,
que fue una larga noche tu lejanía,
y al despertar de este
profundo sueño
estarás en mis brazos
todavía.
Pienso que estás conmigo,
yo contigo,
entre mis brazos tú, yo
entre los tuyos,
y tu me despertabas con tus besos
y me volvía a dormir con
sus arrullos.
Era una tarde triste, ¿Lo
recuerdas?
llovía afuera,
estrepitosamente,
y la gente corría por las
calles,
mientras que yo te amaba
tiernamente.
“Ha llegado el momento”, me
dijiste:
“Siento que no me voy, pues
vas conmigo,
voy a extrañarte cuando ya
esté lejos,
pero en este momento, no
estoy triste.”
Yo tampoco lo estaba, y
entonces dije:
“Siento que no te vas, en
mí te quedas,
porque después de tan
hermosa tarde
es imposible que el
recuerdo muera”.
Prohibida su reproducción parcial o total. “Derechos Reservados”. “D. R.” ©
México, MMVII
















