miércoles, 25 de febrero de 2015

Un cuento para mi niña

En un estanque de aguas cristalinas habitaba un patito, era un animalito muy simpático y apreciado por todos los visitantes del estanque, los cuales le obsequiaban con toda clase de halagos y alimentos. Se divertían tanto con las gracias del patito, que, ante la presencia de personas desconocidas graznaba y se zambullía para luego ir hacia la orilla a tomar el sol.

El patito vivía feliz pues no carecía de compañía: por la mañana mientras los niños asistían a la escuela estaba cerca el vigilante del estanque, y a partir del mediodía, empezaban a llegar los niños a jugar alrededor del estanque y el patito se divertía viéndolos desde la orilla.

Tenía su nido en las afueras del estanque y por las noches, antes de ir a dormir, contemplaba la luna y contaba las estrellas, todas tenían nombre pues él mismo se los había puesto una noche que no pudo dormir.

Un día el patito se levantó muy temprano para esperar a su acompañante matutino -el vigilante del estanque-, pasaron las horas, el sol ya se ponía en lo alto y el vigilante no aparecía por ningún lado, llegó la tarde y los niños no llegaron a jugar. El patito estaba triste y preocupado, pues sentía que lo habían abandonado todos sus amigos. Por fin, al llegar la noche se fue a dormir muy cansado de esperar a los visitantes.

A la mañana siguiente se levantó muy temprano, era sábado y esperaba compañía durante todo el día, se dio su baño matutino y al salir a la orilla para tomar el sol, contempló maravillado que había alguien más en el estanque, era una hermosa y blanca patita que tomaba el sol en la orilla opuesta del estanque.

Entonces llegaron el guardia, los niños y los vecinos cercanos, pues había una fiesta. Pero el patito ni los miraba por estar asombrado ante la belleza de la patita blanca que, coquetamente, se mojaba y salía a la orilla a tomar el sol para secar su plumaje. Así transcurrió todo el día.

Llegó la noche y el patito se fue a dormir. Cuando estaba quedándose dormido, llamaron a su puerta.

-¿Quién será a estas horas? -se preguntaba-. “No estoy”, gritó desde adentro.

Pero el que llamaba insistía y tuvo que levantarse para abrir, y se encontró con una gran sorpresa: era la patita blanca que quería pasar la noche en su casa. El patito, todo confundido y preocupado la dejó pasar y le pidió que esperara a que él volviera.

Pensaba...”el guardia está dormido, los niños también, los vecinos igual”... ¿quién podrá decirme qué debo hacer?... si la dejo dormir dentro yo tendría que dormir fuera y podría enfermar.... y si no la dejo.... no, ella es una dama y puede morir de frío. Entonces ¿qué hago?... daba vueltas y vueltas sin encontrar respuesta.

De pronto, desde uno de los árboles cercanos se escuchó la voz del búho que le preguntó:

-¿Te diste cuenta que ayer nadie vino al estanque?

-Sí, contestó el patito.

-¿Y que hoy los niños y los vecinos tuvieron una gran fiesta?

-Sí, volvió a responder.

-Entonces debes saber que el día de ayer todos ellos y el vigilante del estanque se reunieron para buscarte una esposa que compartiera contigo el estanque.

-Y ¿qué es una esposa? preguntó el patito.

-La patita blanca, que duerme ahora en tu casa, es una esposa, tu esposa. Con ella debes compartir tu alimento, tus juegos y todo lo que hay en el estanque.

-Y ¿hasta cuándo?

-Para siempre, ella se quedará a tu lado para siempre hasta que tengan muchos hijos y el estanque se llene de patitos.

-Y ¿habrá alimento para todos?

-Claro, los vecinos traerán el alimento para ti, para ella y para todos los hijos que vendrán.

-Entonces acepto, dijo el patito, pero....

-Nada, nada, -contstó el búho-, es tu noche de bodas y ya casi amanece, así que vete al lado de la patita blanca que desde ahora será tu compañera y sean muy felices.

El patito, feliz, se fue rápido al lado de su esposa.

Las estrellas empezaron a desaparecer y el sol comenzó a brillar ante la felicidad de los dos patitos y la esperanza de los habitantes del lugar, de ver el estanque convertido en un estanque familiar.

Prohibida su reproducción parcial o total. “Derechos Reservados”. “D. R.” © México, MMVII

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