¡No, ya no tengo nada para
darte!
la ilusión, ya pasó… !Delirio
vano!
y aunque puedas aún tomar
mi mano,
lo nuestro, para siempre se acabó.
Tú puedes encontrar quien
te comprenda,
déjame a mí seguir mi
triste historia,
que aunque no encuentre en
este mundo gloria,
serena al fin, transcurrirá
mi senda.
Me apoyaré en adelante en
la alegría,
de una rosa perfumada y
bella,
que Dios puso en mi vida,
como estrella,
y que orgullosa llamo
hijita mía.
Encontraré en su amor, la
fiel pureza
que invadirá mi espíritu de
orgullo,
por un amor que no es igual
al tuyo
y borrará por siempre mi
tristeza.
Prohibida su reproducción parcial o total.
“Derechos Reservados”. “D. R.” © México, MMVII

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